Inma Torres

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12 meses, 12 hábitos. Septiembre: no preocuparme

septiembre 8, 2015 Por Inma Torres

claves para no preocuparme

A diario me preocupan muchas cosas. Estoy preocupada por mis hijos, porque no se hagan daño, coman bien, sean felices. Me preocupo por mi trabajo, porque salgan las tareas adelante y todo fluya y por todas las cosas que tengo que hacer en mi vida personal. Siempre tengo la sensación de que debería estar haciendo más, haciendo otra cosa. Me preocupo por mi economía, porque me salgan las cuentas a fin de mes. Me preocupo por los niños que viven en países en guerra.  Me preocupo todo el tiempo.

Sé que no estoy sola en esto. Mucha gente tiene preocupaciones siempre en su cabeza. Siempre estamos preocupados por lo que podría salir mal, acerca de las cosas malas que la gente piensa acerca de nosotros, y así sucesivamente. Estamos enfocados sólo en los malos resultados.Esos malos resultados son sólo algunas de las posibilidades de muchas, y es poco probable que se hagan realidad. E incluso si lo hacen (digamos alguien piensa mal de ti), casi nunca significa nada desastroso para nuestra vida.

Por eso he decidido este mes trabajar el hábito de no preocuparme. No es la primera vez que lo trabajo: soy Reikiana, y uno de los principios del reiki es: “sólo por hoy no te preocupes”. Pero siempre se puede mejorar.

Proactividad: círculo de influencia, círculo de preocupación

circulo de influencia y preocupacion

Imaginad que metemos en un círculo grande todas nuestras preocupaciones: nuestra economía, la salud de tu madre, tu relación de pareja, la educación de tus hijos, la paz mundial…. Fuera de ese círculo estaría todo aquello que no nos interesa en absoluto.

Después imaginad que dentro de ese círculo otro más pequeño donde metemos aquellas cosas que me preocupan y en las cuales tengo la capacidad de influir en los resultados, como por ejemplo la educación de nuestros hijos, la relación con mis compañeros de trabajo, mis proyectos, la relación con mi pareja, etc.

Las personas proactivas centran siempre su atención en el círculo de influencia, se enfocan en las cosas en las que pueden hacer algo, su energía es positiva, se hacen responsables de sus acciones,  por lo que terminan ampliando su círculo de influencia.

Las personas reactivas centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación, su foco está en todas las cosas malas que puede pasar, en las que no tienen ningún control, su energía es negativa y suelen desatender su círculo de influencia, haciendo que este se encoja.

Estos conceptos están sacados del libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, de Stephen Covey. Covey nos anima a tomar conciencia de dónde estamos gastando nuestra energía: ¿te dedicas a preocuparte por los problemas que no puedes cambiar o estás siendo proactivo acerca de tu vida, ocupándote de aquello que puedes cambiar?

5 claves para establecer el hábito de no preocuparse

  1. Tomar consciencia. En cualquier situación que sientas que la preocupación aparece en tu cabeza, ¡párate! Si es una mentira creada por la mente por algo que probablemente nunca ocurrirá, no hagas caso.

  2. Tomar acción. Si lo que te preocupa es algo que va a ocurrir o está ocurriendo, piensa si está en tu círculo de influencia. Si es así, ocúpate de ello, haz lo que consideres necesario para solucionarlo. Si no está en tu círculo de influencia, olvídalo.

  3. Nunca es tan malo como piensas que va a ser. La ansiedad o la preocupación tiene que ver con la anticipación. El ‘qué pasaría si’ es siempre mucho peor que lo que sientes cuando algo sucede en realidad. Y la mayoría de las cosas que pensamos que van a pasar, nunca pasan.

  4. No tratar de adivinar lo que está en la mente de alguien. Tratar de leer la mente de alguien por lo general no funciona, sino todo lo contrario: puede conducir fácilmente a la creación de un escenario exagerado e incluso desastroso en tu mente. Escoge, pues, una manera que no te lleve a las preocupaciones o malentendidos. Trata de comunicarte y pedir lo que quieres preguntar.

  5. Pasar más tiempo en el momento presente. Cuando pasas mucho tiempo volviendo a vivir el pasado en tu mente, entonces es más fácil alimentar tus preocupaciones sobre el futuro. Por otro lado, cuando pasas mucho tiempo en el futuro, entonces también es fácil dejarse arrastrar por escenarios preocupantes.Así que concéntrate en gastar más de su tiempo y atención en el momento presente.

Dos de mis formas favoritas para volver a conectar con lo que está sucediendo en este momento, con el aquí y el ahora:

  • Reducir la velocidad. Haz lo que está haciendo en este momento, pero hazlo más lento. Moverte, hablar, conducir o comer más lento. De esta manera podrás ser más consciente de lo que está sucediendo a tu alrededor en este momento.
  • Interrumpir y volver a conectar. Si sientes que estás empezando a preocuparte entonces interrumpir ese pensamiento gritándote en tu mente: ¡PARA! Luego vuelve a conectar con el momento presente, tomando sólo uno o dos minutos para concentrarte al 100% en lo que está sucediendo a tu alrededor. Toma todo con todos tus sentidos: saborearlo, verlo, olerlo, escucharlo y sentirlo en tu piel.

Todo irá bien. Incluso si las cosas malas se hacen realidad, todo irá bien.

Imagina las cosas por las que te has preocupado en los últimos años: eran pequeñas cosas en su mayoría. Y en todos los casos, al final resultó bien. La vida no se derrumbó.

Si empezamos a construir la confianza de que todo irá bien, podemos dejar de lado las preocupaciones. Podemos sentirnos bien, en lugar de ser consumidos por la preocupación y la ansiedad todo el tiempo.

Puedes caminar por la calle, relajado, con una sonrisa en tu cara.

«En mi vida he pasado a través de cosas terribles, algunas de las cuales sí sucedieron» Mark Twain.

 

Cuento de los mineros

Este cuento de Jorge Bucay nos habla de la ansiedad y preocupación:

Seis mineros trabajaban en un túnel muy profundo extrayendo minerales desde las entrañas de la tierra. De repente un derrumbe los dejó aislados del afuera sellando la salida del túnel. En silencio cada uno miró a los demás. De un vistazo calcularon su situación. Con su experiencia, se dieron cuenta rápidamente de que el problema sería el oxígeno. Si hacían todo bien les quedaban unas tres horas de aire, cuando mucho tres horas y media.

Mucha gente de afuera sabría que ellos estaban allí atrapados, pero un derrumbe como este significaría horadar otra vez la mina para llegar a buscarlos. ¿Podrían hacerlo antes de que se terminara el aire?

Los expertos mineros decidieron que debían ahorrar todo el oxígeno que pudieran. Acordaron hacer el menor desgaste físico posible, apagaron las lámparas que llevaban y se tendieron todos en el suelo. Enmudecidos por la situación e inmóviles en la oscuridad era difícil calcular el paso del tiempo.

Incidentalmente sólo uno de ellos tenía reloj. Hacia él iban todas las preguntas: “¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto falta? ¿Y ahora?”. El tiempo se estiraba, cada par de minutos parecía una hora y la desesperación ante cada respuesta agravaba aun más la tensión.

El jefe de los mineros se dio cuenta de que si seguían así la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar. Así que ordenó al que tenía el reloj que solamente él controlara el paso del tiempo. Nadie haría más preguntas, él avisaría a todos cada media hora.

Cumpliendo la orden, el del reloj controlaba su máquina. Y cuando la primera media hora pasó, él dijo: “ha pasado media hora”. Hubo un murmullo entre ellos y una angustia que se sentía en el aire.

El hombre del reloj se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba a ser cada vez más terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que ellos no merecían morirse sufriendo. Así que la próxima vez que le informó la media hora, habían pasado en realidad 45 minutos.

No había manera de notar la diferencia así que nadie siquiera desconfió.

Apoyado en el éxito del engaño la tercera información la dio casi una hora después. Dijo: “pasó otra media hora”… y los cinco creyeron que habían pasado encerrados, en total, una hora y media y todos pensaron en cuan largos se le hacía el tiempo.

Así siguió el del reloj, a cada hora completa les informaba que había pasado media hora.

… Entre tanto la cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en qué cámara estaban atrapados y que sería difícil poder llegar antes de cuatro horas. Llegaron a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrar a los seis mineros muertos. Encontraron vivos a cinco de ellos. Solamente uno había muerto de asfixia… ¡El que tenía el reloj!

Otros hábitos que me he propuesto

Éstos son otros hábitos que me he propuesto en otros meses:

En 2015

  • Enero: eliminar de mi dieta los azúcares refinados

  • Febrero: practicar la bondad

  • Marzo: alimentacion saludable

  • Abril: mantener la casa ordenada

  • Mayo: estar activo
  • Julio: no procrastinar
  • Agosto: el hábito de la gratitud
  • Noviembre: conducir despacio
  • Diciembre: atención plena

En 2014

  • Enero: Hacer ejercicio.

  • Febrero:Las tres cosas mejores del día.

  • Marzo:Tomar consciencia de mi postura corporal.

  • Abril:Levantarse temprano.

  • Mayo: Escuchar música a diario.

  • Junio: Leer más.

  • Julio: Meditar a diario.

  • Agosto: Escribir cada día a un amigo.

  • Septiembre: Tres piropos al día.

  • Octubre: Dormir lo suficiente.

  • Noviembre: Planificar.

  • Diciembre: Comer menos.

Foto por Evil Erin

 

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Aprovechar el tiempo

febrero 13, 2015 Por Inma Torres

A veces creo que estoy obsesionada con aprovechar el tiempo. Pasé muchos años de mi vida dedicada a trabajar para ganar dinero; muchos años de mi infancia dedicada a ver la televisión. Muchos años, meses, días, horas, minutos y segundos perdidos. Me perdí mucho. Mucho más de lo que os llegáis a imaginar.

Pero ya todo eso se acabó.

Ahora a cada minuto de mi vida me pregunto: ¿merece la pena dedicarle tiempo a ésto? ¿Para qué lo hago? Y en la medida de lo posible elijo la opción que considero más importante para mí. Me siento responsable de elegir:

¿Limpiar mi casa o tomar un té con un amigo?

¿Ver la televisión o hablar con mi familia en la comida?

¿Trabajar muchas horas para tener más dinero o tener menos y pasar tiempo con mis hijos?

¿Dejar pasar las horas o gestionar mi tiempo para que sea productivo?

¿Mirar el whatsapp o escuchar lo que me dice una amiga?

¿Tirarme en el sofá o dar un paseo por la naturaleza?

¿Avanzar en mis proyectos o echar una tarde de rol con los amigos?

¿Ver las noticias o leer un libro que me guste?

¿Terminar el máximo de tareas o pararme a preguntar a una compañera cómo le va?

¿Comer sola o invitar a toda mi familia a comer?

¿Pasar una hora en facebook o ver un documental de mis temas favoritos?

¿Ver una película o jugar al Catán con mis hermanos?

¿Ahorrar dinero o hacer un viaje apasionante?

¿Vivir una vida estándar o VIVIR UNA GRAN VIDA?

Creo fervientemente que construimos la vida que queremos, elegimos cada momento qué vida queremos tener.

Es cierto que aún a veces hago cosas que no me hacen sentir plenamente. Por suerte soy consciente de ellas y estoy trabajando para cambiarlas.

Vivir así tiene unos costes a pagar. Vivir intensamente puede ser a veces muy estresante y caótico. Cada día es diferente y está lleno de miles de experiencias. Hay días que mi vida es una auténtica locura. Bendita locura.

 

Porque el tiempo se va como arena entre las manos.

Porque cada uno de esos minutos no va a volver.

Porque no sabemos el tiempo que nos queda.

Porque no hay una segunda oportunidad para vivir.

Ésta es mi vida y la quiero vivir ahora.

 

Me gustaría compartir con vosotros este cuento de Jorge Bucay, sacado de su libro  Déjame que te cuente: Aprovechar el tiempo.

 Cuento aprovechar el tiempo

Había una vez un hombre que estaba decidido a disfrutar de la vida.

Él creía que para eso debía tener suficiente dinero.

Había pensado que no existe el verdadero placer mientras éste deba ser interrumpido por el indeseable hecho de tener que dedicarse a ganar dinero.

Pensó, ya que era tan ordenado, que debía dividir su vida para no distraerse en ninguno de los dos procesos: primero ganaría dinero y luego disfrutaría de los placeres que deseara.

Evaluó que un millón de dólares sería suficiente para vivir toda la vida tranquilo. El hombre dedicó todo su esfuerzo a producir y acumular riquezas.

Durante años, cada viernes abría su libro de cuentas y sumaba sus bienes.

–    Cuando llegue al millón- se dijo- no trabajaré más. Será el momento del goce y la diversión. No debo permitir que me pase lo de otros- se repetía-, que al llegar al primer millón empiezan a querer otro más.

Y fiel a su duda hizo un enorme cartel que colgó en la pared:

SOLAMENTE UN MILLÓN

 Pasaron los años.

El hombre sumaba y juntaba. Cada vez estaba más cerca. Se relamía anticipando el placer que le esperaba.

Un viernes se sorprendió de sus propios números:

La suma daba 999.999,75

¡Faltaban 25 centavos para el millón! Casi con desesperación empezó a buscar en cada chaqueta, en cada pantalón, en cada cajón las monedas que faltaban….No quería tener que aguardar una semana más.

En el último cajón de un armario encontró finalmente los 25 centavos deseados.

Se sentó en su escritorio y escribió en números enormes:

1.000.000

 

Satisfecho, cerró sus libros, miró el cartel y se dijo:

–   Solamente uno. Ahora a disfrutar…

En ese momento sonó la puerta.

El hombre no esperaba a nadie. Sorprendido, fue a abrir. Una mujer vestida de negro con una hoz en la mano le dijo:

–   Es tu hora.

La muerte había llegado.

–   No….- balbuceó el hombre-. Todavía no…..No estoy preparado.

–   Es tu hora- repitió la muerte.

–   Es que yo…..El dinero….El placer….

–   Lo siento, es tu hora.

–   Por favor, dame aunque sea un año más, yo postergué todo esperando este momento, por favor…

–    Lo lamento- dijo La muerte.

–   Hagamos un trato- propuso desesperado-: yo he conseguido juntar un millón de dólares, llévate la mitad y dame un año más. ¿Sí?

–   No.

–   Por favor. Llévate 750.000 y dame un mes….

–   No hay trato.

–   900.000 por una semana.

–   No hay trato.

–   Hagamos una cosa. Llévatelo todo pero dame aunque sea un día. Tengo tantas cosas por hacer, tanta gente a la que ver, he postergado tantas palabras…por favor.

–  Es tu hora- repitió La muerte, implacable.

El hombre bajó la cabeza resignado.

–   ¿Tengo unos minutos más?- preguntó.

La muerte miró unos pocos granos de arena en su reloj y dijo:

–   Sí.

El hombre tomó su pluma, un papel de su escritorio y escribió:

Lector:

Quienquiera que seas. Yo no pude comprar un día de vida con todo mi dinero.

Cuidado con lo que haces con tu tiempo.

Es tu mayor fortuna…

 

Otros cuentos

  • ¿Eres ascensor o fuerza de arrastre?

  • Cuento El Buscador

  • Cuento de la felicidad escondida

  • Cuento de las estrellas de mar

  • Cuento sobre la autoestima: “El verdadero valor del anillo”

  • El cuento del pescador y el empresario

 

“Creerás que el tiempo pasa rápido, […]

pero recuerda que cada día

el mundo amanece en ti. “   Ismael Serrano

Foto por nicholasjon

 

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¿Eres ascensor o fuerza de arrastre?

diciembre 10, 2014 Por Inma Torres

En nuestras vidas hay personas que nos ayudan a subir, y otras que nos arrastran para abajo.

Hace tiempo hablaba sobre esto con un amigo mío inglés. Me contaba como notaba que ciertas personas le absorbían la energía. Son personas que se quejan por todo, critican a los demás, tienen una actitud negativa, te piden siempre favores, te dicen lo que debes hacer y lo que no debes hacer… La mayoría no son conscientes de ello, no se dan cuenta de que están bajando tu energía hasta el nivel del suelo.

Sin embargo hay otra gente que te llena de energía. Son personas alegres, optimistas. Siempre están dispuestas a ayudar y a darte ánimos. Se alegran de tus éxitos y son fuente de inspiración. No se dejan llevar por las personas anteriores, sino todo lo contrario: las animan y mejoran su energía. Son las personas ascensor.

Afortunadamente mi vida está llena de personas ascensor. No sería lo que soy si no fuera por ellas. Estas personas me han levantado y me han transformado, y estoy profundamente agradecida por ello.

Y ahora me planteo: Y yo, ¿soy ascensor o fuerza de arrastre para las personas que me rodean?  Llevo un tiempo observando mi forma de interactuar con los demás. Cada día me esfuerzo para ser ascensor, para elevar la energía de las personas que me rodean, igual que otros hicieron por mí.

Quiero ser la fuerza que levanta a todos a mi alrededor. Quiero ser ascensor.

¿Zorro o león?

Os pongo por aquí este cuento sufí que trata sobre el mismo tema:

Una vez un hombre vio a un zorro inválido y se preguntó cómo haría para estar tan bien alimentado. Decidió pues, seguirlo y descubrió que se había instalado en un lugar donde solía ir un gran león a devorar a sus presas. Cuando el león terminaba de comer, se alejaba y entonces el zorro iba y se alimentaba a placer.

El hombre se dijo:

-Yo también quiero que el destino me ofrezca de igual manera.

Y se marchó a un pueblo y se sentó en una calle cualquiera a esperar. Pasó el tiempo y no sucedió nada, excepto que cada vez estaba más hambriento y débil. Entonces, en su debido momento, escuchó una voz interior que le dijo:

-¿Porqué quieres ser como un zorro que busca la manera de beneficiarse de otros?, ¿por qué no ser como un león para que otros se beneficien de ti?

Foto de  Jose R. Borras

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Cuento El Buscador

diciembre 5, 2014 Por Inma Torres

Lo leí hace mucho tiempo en el libro de Jorge Bucay Cuentos para pensar y nunca lo olvidé. Hace poco -«causalidades» de la vida- me topé de nuevo con este cuento: El buscador.  Espero que os guste.

 Cuento El Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”.

Foto de Eric Huybrechts

 

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Cuento de la felicidad escondida

julio 10, 2014 Por Inma Torres

Últimamente estoy pensando mucho en la felicidad (¿Será por Santori Time?) y me ha venido a la cabeza este cuento que escuché en un programa de radio (Pensamiento Positivo, de Sergio Fernández).  Espero que os guste.

Cuento de la felicidad escondida

Al principio de los tiempos, los dioses se reunieron para crear al hombre y a la mujer. Lo hicieron a su imagen y semejanza, pero uno de ellos dijo:

-Un momento, si vamos a crearlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y una fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de lo contrario estaremos creando nuevos dioses.

Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:

– Ya sé, vamos a quitarles la felicidad.

– Pero… ¿dónde vamos a esconderla? – Respondió otro.

– Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo.

– No creo que sea una buena idea, con su fuerza acabarán por encontrarla.

– Entonces… podemos esconderla en el fondo del océano.

– No, recuerda que les daremos inteligencia, con la cual, tarde o temprano construirán una máquina que pueda descender a las profundidades del océano.

– ¿Por qué no la escondemos en otro planeta que no sea la tierra?

– Tampoco creo que sea buena idea, porque llegará un día que desarrollarán una tecnología que les permita viajar a otros planetas. Entonces conseguirán la felicidad y serán iguales a nosotros.

Uno de los dioses, que había permanecido en silencio todo el tiempo y había escuchado con interés las ideas propuestas por los demás dijo:

– Creo saber el lugar perfecto para esconder la felicidad, donde nunca la encuentren.

Todos le miraron asombrados y le preguntaron:

– ¿Dónde?

– La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin darse cuenta que la lleva consigo.

Foto: Mike Rastiello / Flickr

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Cuento de las estrellas de mar

mayo 29, 2014 Por Inma Torres

Los cuentos permiten expresar una visión, un sentimiento, una forma de estar en la vida. Me he topado con el cuento de las estrellas de mar. Este cuento sufí expresa, claramente, lo que yo pienso de la vida y la razón por la que yo hago muchas de las cosas que hago.

Cuento de las estrellas de mar

Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.

El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo.

Éste le contestó: «Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán.»

Dijo entonces el escritor:«Pero ésto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas.»

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó:  «Para ésta… sí tiene sentido.»

Foto: Thomas Hawk / Flikr
 

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Cuento sobre la autoestima: “El verdadero valor del anillo”

abril 6, 2014 Por Inma Torres

Este cuento sobre la autoestima lo he visto en varios sitios, entre ellos en el libro de cuentos “Déjame que te cuente” de Jorge Bucay.

El verdadero valor del anillo

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- Y haciendo una pausa agregó -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E..encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. – Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En su afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. – Maestro – dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él, para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: – Dile al maestro, muchacho que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
– ¡¿58 monedas?! -exclamó el joven.
– Sí, replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

 

Espero que os haya gustado este cuento sobre la autoestima.

Foto: iassakka| Flickr

 

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El cuento del pescador y el empresario

marzo 14, 2014 Por Inma Torres

El cuento del pescador y el empresario lo he escuchado varias veces, por distintos medios, parece que me persigue. Desconozco el autor, creo que tiene procedencias de cuentos populares brasileños, aunque también viene de otras culturas. Espero que os guste tanto como a mí.

Cuento del pescador y el empresario

“Un hombre rico, empresario, bien vestido, ropas caras y talante derrochador, iba paseando por el puerto, cuando se encuentra con un modesto pescador. El pescador trabajaba en sus redes y en su pequeña barca, y tenía un cubo lleno de un montón de peces recién pescados. El rico empresario le preguntó:
– Óigame, ¡usted tiene mucha maña! ¡Parece un pescador muy bueno! Usted sólo y con esta pequeña barca ha pescado muchos peces. ¿Cuánto tiempo dedica a la pesca?
El pescador respondió:
– Pues mire usted, yo la verdad es que nunca me levanto antes de las 8:30. Desayuno con mis hijos y mi mujer, acompaño a mi familia al cole y al trabajo, luego voy tranquilamente leyendo el periódico hasta el puerto, donde cojo mi barca para ir a pescar. Estoy una hora u hora y media, como mucho, y vuelvo con los peces que necesito, ni más ni menos. Luego, voy a preparar la comida a casa, y paso la tarde tranquilo, hasta que vienen mis hijos y mi mujer y disfrutamos haciendo juntos los deberes, paseando, jugando. Algunas tardes las paso con mis amigos tocando la guitarra.
– ¿Entonces me dice que en sólo una hora ha pescado todos estos peces? ¡Entonces usted es un pescador extraordinario! ¿Ha pensado en dedicar más horas al día a la pesca?
– ¿Para qué?
– Pues porque si invierte más tiempo en pescar, 8 horas, por ejemplo, usted tendría 8 veces más capturas, y ¡así más dinero!
– ¿Para qué?
– Pues con más dinero usted podría reinvertir en una barca más grande, o incluso contratar a pescadores para que salgan a faenar con usted, y así tener más capturas.
– ¿Para qué?
– Pues con este incremento de facturación, ¡su beneficio neto sería seguro envidiable! Su cash flow sería el propicio para llegar a tener una pequeña flota de barcos, y así, hacer crecer una empresa de pesqueros que le harían a usted muy muy rico.
– ¿Para qué?
– ¿Pero no lo entiende? Con este pequeño imperio de pesca, usted sólo se tendría que preocupar de gestionarlo todo. Usted tendría todo el tiempo del mundo, para hacer lo que le venga en gana. No tendría que madrugar nunca más, podría desayunar cada día con su familia, podría acompañar a los niños al cole, jugar con ellos por la tarde, tocar la guitarra con sus amigos…”

Foto: Osvaldo Gago / Flickr

 

 

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