Inma Torres

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Déjate tiempo para vivir

febrero 15, 2016 Por Inma Torres

Déjate tiempo para vivir

Hoy me he levantado con una reflexión. De hecho, llevo dándole vueltas desde anoche, y no he podido dormir muy bien por ello.

Reconozco que soy una persona multiapasionada. Me gusta estar metida en mil asuntos, y normalmente estoy pensando en qué proyecto nuevo voy a  iniciar o qué actividad voy a hacer. No hay nada malo en ser así. De hecho, estoy orgullosa de ello.

Quizás lo que me hace reflexionar es en qué pongo toda esa energía y entusiasmo. Hubo un tiempo de mi vida que mi “pasión” era el trabajo. Siempre me ha gustado mucho mi profesión y he tratado de hacerlo lo mejor posible, dedicándole el tiempo necesario. Sin embargo, en esa época, salía temprano por la mañana hacia el trabajo y no volvía hasta por la noche. Los fines de semana hacía cosas en casa para adelantar tareas pendientes o para estudiar más para estar mejor preparada. Muy pocas cosas significativas pasaron en ese tiempo de mi vida. Dediqué mi tiempo principalmente al trabajo.

Claro que eso ya es pasado y afortunadamente supe reaccionar y empezar a dedicar más tiempo a lo que de verdad es importante para mí: mis hijos, mi pareja, mis amigos, mi salud…

Aún así pienso que aún tengo mucho que mejorar. Me sigue apasionando mi trabajo, ahora más que nunca, y me sorprendo a mi misma saliendo una hora más tarde de la oficina o limpiando la bandeja de entrada de mi correo electrónico por la noche desde casa. Además sigo metiéndome en muchos proyectos, y a veces pienso que no me dejo tiempo para vivir.

No soy la única que le pasan estas cosas. Miro a mi alrededor y veo amigos que trabajan en sábado y domingo (después de haber trabajado toda la semana), compañeras que llegan a casa, acuestan a sus hijos y siguen trabajando hasta la madrugada, otras que después de muchos años deciden tener un móvil de empresa o les cuesta el matrimonio, niños pequeños que no salen al parque porque sus papás tienen que trabajar en sus proyectos…

No soy perfecta y no tengo que serlo (esto último me lo tengo que recordar muchas veces). A veces dedico mucho tiempo en hacer que las cosas muy bien, en lugar de simplemente dejar que las cosas fluyan y aprender a amar la imperfección y a asimilar los errores.

Ahora estoy haciendo un ejercicio que me ayuda a ser consciente de a qué he dedicado mi tiempo. Cada noche hago un repaso de mi día: de mi lista de las 4 cosas más importantes para mí, evalúo cuánto tiempo he dedicado en ese día a cada una de ellas y cómo de satisfecha me siento, del 0 al 10. ¿Cuánto tiempo le he dedicado a mis seres queridos? En los días que trabajo a turno partido, a lo mejor sólo he visto a mis hijos por la noche un rato, y a mi pareja otro ratito a mediodía: pues le doy un 3. ¿Cuánto tiempo le he dedicado a mi salud, a cuidarme? Y así voy evaluando mi forma de dedicar el tiempo a lo que quiero. Eso sí, sin juzgarme ni sentirme culpable, sólo con la idea de reflexionar y ser consciente.

Sé que estoy en el camino hacia la vida que quiero. Cada vez le dedico más tiempo a mis seres queridos, a cuidarme, a disfrutar, a vivir. Me he propuesto que este año sea el año de la calma, y gracias a mis ejercicios de mindfulness y meditación estoy consiguiendo estar menos estresada, disfrutando de lo que hay a mi alrededor y relativizando todo mucho. No voy a dejar de ser multiapasionada: me gusta vivir nuevas experiencias, afrontar nuevos retos. Pero esas experiencias, esos nuevos retos, quiero elegirlos yo, y quiero vivirlos intensamente, disfrutando de cada momento. Todavía me falta mejorar, pero, ¿dónde está la perfección en esto?

Cuento: Una hora de tu tiempo

De nuevo un cuento de Jorge Bucay, sacado del libro El camino del encuentro:

Cuentan que una noche, cuando en la casa todos dormían, el pequeño Ernesto de 5 años se levantó de su cama y fue al cuarto de sus padres. Se paró junto a la cama del lado de su papá y tirando de las mantas lo despertó.

– ¿Cuánto ganas, papá?

– Eh?¿Cómo? -preguntó el padre entre sueños.

– Que cuánto ganas en el trabajo.

– Hijo, son las 12 de la noche, ándate a dormir.

– Sí papi, ya me voy, pero tú ¿cuánto ganas en tu trabajo?

El padre se incorporó en la cama y en un grito ahogado le ordenó:

– ¡Te vas a la cama inmediatamente, esos no son temas para que tú preguntes! – y extendió el dedo señalando la puerta. Ernesto bajó la cabeza y se fue a su cuarto.

A la mañana siguiente el padre pensó que había sido demasiado severo con Ernesto y que su curiosidad no merecía tanto reproche. En un intento de reparar, en la cena el padre decidió contestarle a su hijo:

– Respecto de la pregunta de anoche, Ernesto, yo tengo un sueldo de 1800 euros, pero con los impuestos y descuentos me quedan unos 1200 euros.

– ¡Uhh! ? cuánto ganas, papi  – contestó Ernesto.

– No tanto hijo, hay muchos gastos.

– Y trabajas muchas horas.

– Sí hijo, todo el día.

– Ahh – Asintió el chico, y siguió:

– Entonces tú tienes mucho dinero, ¿no?

– Basta de preguntas, eres muy pequeño para estar hablando de dinero.

Un silencio invadió la sala y callados todos se fueron a dormir. Esa noche, una nueva visita de Ernesto interrumpió el sueño de sus padres. Esta vez traía un papel con números garabateados en la mano.

– Papi ¿me puedes prestar 5 euros?

– ¿Ernesto? ¡¡ son las 2 de la mañana!! – se quejó el papá.

– Sí pero ¿ me los puedes dejar?

El padre no le permitió terminar con la frase.

– Así que este era el tema por el cual estás preguntando tanto por el dinero, mocoso impertinente. Vete inmediatamente a la cama antes de que me enfade de verdad.  ¡Fuera de aquí! A tu cama. Vamos.

Media hora después, quizás por la conciencia del exceso, quizás por la mediación de la madre o simplemente porque la culpa no lo dejaba dormir, el padre fue al cuarto de su hijo. Desde la puerta escuchó lloriquear casi en silencio.Se sentó en su cama y le habló.

– Perdóname si te grité, Ernesto, pero son las dos de la madrugada, toda la gente está durmiendo, no hay ningún negocio abierto, ¿no puedes esperar hasta mañana?

– Sí papá – contestó el chico entre mocos. El padre se metió la mano en el bolsillo y sacó su billetera de donde extrajo un billete de cinco euros.

– Ahí tienes el dinero que me pediste.
El chico se enjugó las lágrimas con la sábana y saltó hasta su ropero, de ahí sacó una lata y de la lata unas monedas y unos pocos billetes de cinco euros. Agregó los cinco euros al lado del resto y contó con los dedos cuánto dinero tenía. Después cogió el dinero entre las manos y lo puso en la cama frente a su padre que lo miraba sonriendo.
– Ahora sí – dijo Ernesto – llego justo, veintidos euros y medio.

– Muy bien hijo, ¿y qué vas a hacer con ese dinero?
– ¿Me vendes una hora de tu tiempo?

 

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Mi planificación diaria y semanal

julio 25, 2015 Por Inma Torres

Implementar un sistema de gestión de tareas como GTD me ha ayudado a organizar mejor mi tiempo, para así enfocarlo en las cosas más importantes para mí. Uno de los hábitos que más me ayudan a esto es hacer mi planificación diaria y semanal de las cosas que voy a hacer.

Tengo clara que ser productiva no es hacer muchas cosas al día, sino hacer las cosas más importantes, las que nos acercan a nuestros objetivos. Tanto en mi vida laboral como personal me gusta planificar mis días y semanas, porque así pongo foco en aquellas tareas y proyectos que me ayudan a avanzar, y no tengo la sensación que se me ha ido el tiempo y no he hecho nada productivo -aunque haya hecho muchas cosas.

Planificación semanal

Una vez a la semana dedico entre 15 y 20 minutos a planificar mi semana. Suelo hacerlo el viernes a última hora en el caso del trabajo, y el domingo por la tarde para temas personales. Estos son los pasos que sigo:

  1. Revisar la planificación de la semana. Repaso las tareas que me había propuesto para esta semana. Me felicito por lo que he conseguido. Apunto en mi listas de tareas “Próximo” (Acciones Siguientes) lo que no he conseguido y reflexiono el por qué no lo he conseguido.

  2. Revisar objetivos. Reviso mis objetivos a corto y largo plazo. Tacho las tareas pendientes realizadas y paso a “Próximo”  o a las listas de tareas que tengo las siguientes tareas a realizar.

  3. Revisar calendario. Reviso la semana anterior, ésta y la siguiente. Apunto las tareas que surgen de preparar citas o eventos.

  4. Revisar notas y listas de tareas. Reviso todas mis listas de tareas (utilizo Evernote). Reviso mis notas “A la espera” por si tengo que recordarle algo a alguien o simplemente eliminar de ahí. Marco lo que ya está hecho, actualizo notas y añado tareas que falten.

  5. Definir mis Grandes Rocas de la semana. Elijo 4 o 5 tareas más importantes para estas semana, de las cuales 2 o 3 tienen que ver con mis objetivos. Bloqueo tiempo para ellas en mi calendario (utilizo Google Calendar).

  6. Organizar la semana. Escribo en “Próximo” de Evernote mi “Tudu Semanal”, que es una lista con las Grandes Rocas de esa semana y otras tareas que quiero hacer.

Planificación diaria

Una vez al día dedico entre 5 y 10 minutos a planificar el día siguiente. Suelo hacerlo a última hora en el trabajo y antes de acostarme para temas personales. Estos son los pasos que sigo:

  1. Revisar la bandeja de entrada física. Proceso cada uno de los documentos que se encuentran en la bandeja. Elimino los que ya no sirven, archivo los que ya no necesito, apunto en mi listas de tareas pendientes de Evernote todo aquello que requiera una acción.

  2. Revisar email. Gestiono mis correos hasta dejar mi bandeja de entrada vacía. Reviso la carpeta “A la Espera” por si tengo que recordar algo a alguien o simplemente eliminar ese correo de ahí. Apunto en mis listas de tareas de Evernote todas aquellas tareas que surjan de esta revisión.

  3. Revisar mi libreta de notas. Tengo una libreta pequeña donde apunto cualquier cosa que me surja y no tenga mi Evernote cerca: ideas, tareas, recordatorios… Paso todo eso a mi Evernote y lo tacho de la libreta.

  4. Revisar el Invox de Evernote. Proceso cada nota que haya en mi bandeja de entrada de Evernote. Anoto en mis tareas pendientes aquellas que requieran una acción o archivo las que no la requieran.

  5. Revisar la planificación de mi día. Repaso las tareas que me había propuesto para este día. Me felicito por lo que he conseguido. Apunto en mi listas de tareas “Próximo” (Acciones Siguientes) lo que no he conseguido y reflexiono el por qué no lo he conseguido.

  6. Revisar mi planificación semanal. Reviso mi lista “Tudu Semanal”. Marco lo que he hecho.

  7. Revisar tareas pendientes. Reviso mis listas de tareas pendientes. Marco lo que he hecho.

  8. Organizar el día siguiente. Escribo en “Próximo” de Evernote mi “Tudu Diario”, que es una lista con las TMI de ese día (Tareas Más Importantes) y otras tareas que quiero hacer. Para ello tengo en cuenta las tareas que me planifiqué para la semana, las citas o reuniones que voy a tener ese día y otras tareas urgentes que han ido surgiendo. En temas personales, mi “Tudu diario” tiene los siguientes puntos:

  • 3 TMI: Tareas más importantes del día que voy a hacer sí o sí.
  • Intención del día: algo en lo que me voy a enfocar ese día, como por ejemplo estar alegre, no preocuparme, cuidar mi alimentación, ser cariñosa…
  • Una cosa que dar o hacer por otra persona: puede ser cocinar algo rico a alguien, hacer un favor, una sorpresa, decir un piropo…
  • Una cosa que me gusta o nueva para hacer: me gusta incluir algo nuevo que no he hecho nunca, o algo que me gusta mucho hacer, para que así mis días no sean sólo rutina. Al final suelen surgir de forma natural, pero me gusta  planificar al menos uno diferente cada día para que haya variedad.

Y esta es mi planificación diaria y semanal que me funciona a mí. Pueden parecer muchos pasos, pero cuando lo tomas como hábito se hace de forma automática no se tarda casi nada.

Planificar mi día y mi semana no sólo me permite ser más productiva, sino que también tener la vida que quiero tener, enfocándome en lo que de verdad me importa y acercándome cada vez más a conseguir mis objetivos y sueños.

Foto por photosteve101

 

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GTD Parte 5: Revisar

enero 18, 2015 Por Inma Torres

Ésta es la última entrada de esta serie de GTD, el sistema de productividad de David Allen. Ya hemos visto cómo recopilar, procesar, organizar y hacer todas las tareas y proyectos que tenemos. Hasta aquí este método no es muy distinto de otros métodos de productividad personal.

Lo que marca la diferencia en el método GTD de otros métodos precisamente es este punto: la revisión. Revisar nuestro sistema de productividad periódicamente y de forma adecuada hará que funcione, y consigamos todos nuestros objetivos.

Para mí este es un punto fundamental para la productividad, de los más importantes hábitos que hay que adquirir y a la vez, de los más difíciles de implementar y más disciplina requiere.

Si no hacemos una revisión periódica de nuestro sistema, empezará a descontrolarse y dejar de ser útil y, a la larga, dejaremos de utilizarlo. Seamos realistas: hasta los mejores sistemas tienden al caos. Por eso necesitamos revisar.

Cómo revisar

David Allen en su libro Organízate con Eficacia hizo mucho hincapié en la revisión semanal. Para mí creo que es importante también una pequeña revisión diaria, y otra mayor una vez a la semana. Yo os voy a dar mi propia versión, una adaptación de la revisión que detalla David Allen en su libro.

Revisión semanal

La revisión semanal se puede hacer en 5 pasos (aproximadamente 30 minutos):

  1. Revisa tus objetivos a largo plazo y tus objetivos a corto plazo. Revisa tus objetivos vitales (si no los tienes fíjalos ahora) y de ellos escoge uno para este año. Sólo uno, o perderás el enfoque.Elige también un objetivo a corto plazo que se pueda hacer en una semana más o menos y que te acerque a tu objetivo a largo plazo. Cada semana vuelve a fijarte tu objetivo.
  2. Revisa tus notas. Así podrás detectar tareas sin realizar, números de teléfono que añadir, etc. Recoge los papeles sueltos y pon en la bandeja de entrada todo lo que se necesita procesar. Procesa tu bandeja de entrada. Vacía la mente, intenta acordarte de cualquier cosa que haya quedado sin anotarse. Trata de dedicar unos minutos para pensar en todas las cosas que andan por tu cabeza y vuélcalas a un papel. Anota tus ideas más locas en la lista “Algún día/Quizás”.
  3. Revisa tus listas, una por una. Comprueba que están al día, que lo que está hecho está marcado como hecho. Revisa las listas de acciones, tacha los ítems realizados, observa si algún ítem se está volviendo importante o urgente, en este caso asígnale un día en la agenda. Actualiza la lista de proyectos. Elimina de la lista los proyectos realizados. Pasa a la lista “Acciones siguientes” aquellas acciones de cada proyecto que tengas que hacer esta semana.
  4. Revisa tu calendario. Comprueba la semana anterior, la actual y la que viene. Mira si hay tareas que tienes que hacer como consecuencia de lo marcado en tu agenda (preparar reuniones o citas, por ejemplo). Anota estas tareas en tu listas de tareas. Elimina todos los compromisos completados de la semana y reprograma para la siguiente semana lo que haya quedado pendiente.
  5. Define tu objetivo semanal y planifica tus Grandes Rocas. Distribuye esas Grandes Rocas en tu programación semanal, limitándote a una o dos al día, en bloques de 1 a 2 horas, en las primeras horas del día, si es posible. Si en el punto número 1 has detectado que ya has alcanzado tu objetivo a corto plazo, elige otro. Si no es así, establece tareas que te acerquen a alcanzarlo y fíjalas en tu semana, si puede ser a primera hora del día, sin sobrepasar una o dos al día.

Revisión diaria

Cada mañana y cada noche haz una revisión de tu sistema (10-15 minutos):

  1. Recopila y procesa. Primero recopila todo lo que te pueda quedar pendiente, como tarjetas de visita, notas de reuniones, tickets de compras, etc. Luego procura dejar tus bandejas de entrada limpias, incluido el correo electrónico y las notas de voz del teléfono móvil, procesando y organizando lo que resulte. Si haces esto todos los días, generalmente no te llevará más de 5 minutos.
  2. Actualiza tus listas. Una vez que todo esté organizado en tus listas, procede a repasarlas una a una para eliminar todas las acciones que ya fueron completadas a lo largo del día.
  3. Repasa la lista de proyectos, y asegúrate de que cada proyecto tiene al menos una acción siguiente definida en alguna de las listas contextuales. Es la forma de asegurarte de que todos los proyectos seguirán avanzando mañana.
  4. Revisa el calendario. Comprueba cuáles serán tus compromisos del día siguiente, por si tienes que preparar algo de antemano, o para confirmar reuniones o citas.
  5. Define tus tres Tareas Más Importantes o TMIs. Elige sólo 3 TMIs cada día. En ellas incluye al menos una de tus Grandes Rocas semanales y el resto otras tareas importantes. Programa estas tres tareas al principio del día. Una vez hecho esto ya puedes rellenar el tiempo con otras tareas menos importantes: “pequeñas piedras” o “arena”.

Cuándo hacer la revisión

Dependiendo del volumen de tareas que manejen, hay personas que necesitan una doble revisión diaria, otras una diaria, otras sólo una semanal… Decide tú lo que necesitas pero hagas lo que hagas, asegúrate de fijar un momento específico e ineludible para hacer la Revisión.
Fija un momento del día y no te lo saltes bajo ningún concepto. Piensa que es como una cita con alguien a la que tienes que asistir. Repite y repite hasta que cueste menos. Elige un momento en el que tengas ánimo o ganas, al principio o al final del día.
Una de las claves de la Revisión es hacerla, no saltártela nunca, y además hacerlo de forma regular y periódica. A medida que revises recuérdate todas las tareas que has ido realizando. Felicítate y celebra tus avances.

Recuerda que sin revisar no hay GTD y nuestro sistema tenderá a la desorganización.

Otras entradas de esta serie

  • GTD Parte 1: Recopilar
  • GTD Parte 2: Procesar (1)
  • GTD Parte 2: Procesar (2)
  • GTD Parte 3: Organizar
  • GTD Parte 4: Hacer
  • GTD Parte 4 (2): Gestión de Proyectos
 Foto por andercismo

 

 

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5 Ventajas de ir en bici al trabajo

febrero 9, 2014 Por Inma Torres

Hace un mes que decidí ir en bici al trabajo y estoy muy contenta de mi decisión. La verdad es que, si me lo dicen hace un año, digo que es imposible. Sin embargo ahora me siento muy bien al hacerlo y me costaría volver a lo anterior.

Yo vivo en un pequeño pueblo a las afueras de Granada, y trabajo en pleno centro de Granada. Hasta ahora, cogía mi coche en plena hora punta, y me iba hacia el trabajo convenciéndome cada día que estar en un atasco no es tan malo. A pesar de que estoy a doce kilómetros de mi trabajo, tenía que salir de casa una hora antes, ya que no se trataba sólo del atasco, sino también de la odisea de la búsqueda de aparcamiento.

Ya harta de esta situación, primero pensé en ir en autobús. Pero mi pueblo está bastante mal comunicado con la capital en este sentido, y los escasos autobuses que hay me dejaban en la otra punta de la ciudad, lo cual me suponía una vez allí hacer un transbordo y una pequeña parte andando, que no está mal, pero no me compensaba llegar a casa dos horas después de haber salido del trabajo.

Excusas para no ir en bici al trabajo

Siempre me he puesto miles de excusas para no ir en bici al trabajo. Por ejemplo:

  • Vivo muy lejos. Doce kilómetros en bici puede ser mucho si no estás acostumbrada. Lo que he hecho para solucionar esto es ir en bici hasta un pueblo cercano, que tardo solamente quince minutos, y allí tomar un autobús que me deja cerca del trabajo. Así combino bicicleta, autobús y caminar, con todas las ventajas que esto conlleva.
  • Exige mucho esfuerzo físico. Esto también lo he solucionado al no ir directamente a la ciudad, si no yendo hasta este pueblo vecino. De todas formas mi idea es hacer el recorrido completo hasta el trabajo en bici, cuando ya tenga mejor forma física. Empezar con pequeños trayectos ayuda a no desanimarse.
  • Puede llover. Estuve investigando y, por mi zona, sólo llueve una media de 25 días laborables al año. Esos días cojo el autobús de mi pueblo con el transbordo que mencioné antes. El resto de días, a disfrutar de la bici. De todas formas podría equiparme de chubasquero y pantalones anti lluvia. Con el equipo adecuado, ¿quién dijo miedo?
  • Hará mucho frío en invierno y calor en verano. Esto es fácil también: voy muy abrigada en invierno, con gorro, guantes, un buen abrigo y protección en el cuello y la cara. El verano aún no lo he probado, pero supongo que lo importante es llevar ropa fresca y transpirable, y llevar en la mochila desodorante, toallitas y alguna camiseta de recambio. Además, si voy a un ritmo moderado, no tengo por que sudar en exceso.
  • Me robarán la bici. Esta excusa no sólo me la ponía yo, sino que amigos y familiares me lo decían sin parar. Compré un buen candado, de esos que sólo se pueden romper con una radial. Además, nunca dejo en el mismo sitio mi bicicleta, la voy cambiando de lugar. Por el momento aún no he tenido ningún percance. De todas maneras, si me robasen una bici al mes, aún así gastaría menos que lo que gastaba cuando iba al trabajo en coche.
  • Es peligroso. Es cuestión de seguir las normas, ser altamente visible y llevar la protección adecuada. También es importante elegir el mejor recorrido, por dónde haya poco tráfico. Se puede ir por carril bici, peatonales o parques. Aún así le tengo un poco de miedo a meterme en plena ciudad, pero poco a poco superaré ese miedo.
  • Tengo niños. En mi caso eso no es excusa, puesto que mi pareja se encarga de llevar los niños al colegio. Pero si en tu caso no es posible, siempre puedes hacer que los niños vayan también en bicicleta. Y si son pequeños, puedes llevarlos en unos carritos que se enganchan en la bicicleta. Unos amigos míos lo tienen y les va genial. Siempre he pensado que predicar con el ejemplo es la mejor manera de educar.

5 Ventajas de ir en bici al trabajo

Todas estos inconvenientes que yo misma me ponía se han compensado con diferencia con multitud de ventajas que tiene ir en bici al trabajo. Las cinco más destacables son:

  1. Hago ejercicio. Esta es una buena forma de convertir el hacer ejercicio en un hábito. Una compañera de trabajo, que va siempre en bici, me contaba el otro día que cada vez se resfría menos. Y es que está demostrado que el ejercicio físico mejora tus defensas y te hace sentir más saludable y enérgica.
  2. Gasto menos. El ahorro económico es considerable. Dejar el coche en casa supone un ahorro muy importante en combustible, así como también en mantenimiento, puesto que alargo el tiempo en revisiones, cambios de aceite, de neumáticos, averías… Además mi bicicleta es de gama media-baja, así que no me costó demasiado. Merece la pena con creces.
  3. Contamino menos. La bicicleta es un modo de transporte sostenible. Sus emisiones de CO2 son nulas, y además es silencioso. Nada comparable a ir en coche sola y estar durante una hora en un atasco.
  4. Estoy de mejor humor. A la ida, cambio los atascos, pitidos de coches, semáforos que se ponen e rojo y la lucha por el hueco donde aparcar por un silencioso y tranquilo paseo por mitad del campo. La energía y el humor que tengo al llegar al trabajo no es comparable a cuando iba en coche. La vuelta me ayuda a desconectar del trabajo. A veces, cuando salgo con algún problema del trabajo, cada pedalada hace que ese inconveniente se vaya poco a poco disolviendo, y que al llegar a casa ya ni me acuerde de él.
  5. Estoy en contacto con la naturaleza. En mi caso, cuando voy en bicicleta de mi pueblo al pueblo vecino, el recorrido es atravesando la vega granadina. Disfrutar de los olores del campo, del rumor de las hojas de los árboles, el crugir de la escarcha al pasar con la bici, el ver amanecer día a día... todo eso, no tiene precio, es impagable.

Así que me encanta mi nueva forma de ir la trabajo. Estoy feliz de haber dado el paso y de desplazarme acorde a mis valores y principios. Y eso que parecía difícil, pero… ¡lo conseguí!

Foto: Iassakka/Flickr

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